| Este dicho tiene su origen
en los interminables debates que mantenían los griegos del Bajo Imperio sobre el
sexo de los ángeles. La cosa no hubiese trascendido, de no ser porque el debate
se produjo en un momento políticamente delicado. Así es, los turcos estaban a
punto de conquistar Constantinopla (en 1453) y los eruditos de Bizancio, en lugar de dar
prioridad a pensar en cómo defenderse de los enemigos, perdían el tiempo en
discusiones angelicales (se
dice que incluso llegaron a polemizar acerca
del número de ángeles que
cabían en la punta de un alfiler). Es por ello por lo que la expresión discusión
bizantina se utiliza hoy para ridiculizar las discusiones intrascendentales y
ociosas de las personas que no tienen en cuenta los problemas reales y
acuciantes. |