| Ya en la
Edad Media, La Mancha era famosa por sus vinos de calidad, y taberneros de toda
España se desplazaban hasta las bodegas manchegas para comprar los barriles de
vino. Antes de pagar, los taberneros tenían la buena costumbre de probar la
mercancía.
Para dar
salida a las partidas de vino picado o de muy baja calidad, los dueños de las
bodegas recurrían a un arte especial: agasajaban a los compradores novatos y
confiados con un sabroso plato de queso manchego en aceite, porque su fuerte
sabor hacía que el paladar del incauto tabernero no distinguiera un buen caldo
de uno echado a perder.
Esta
innoble práctica dio origen a la expresión dársela a uno con queso, que se
utiliza cuando alguien es engañado o estafado.
Este
dicho proviene de otro más
antiguo, armar con queso, que
según el experto Covarrubias, en
su obra 'Tesoro de la lengua castellana
o española' (1611), equivale a "cebar
a uno con alguna niñería para
cogerle como al ratón"; y, según
Gonzalo Correas, en su libro 'Vocabulario
de refranes' (1627), significa "atraer
a uno, con cosa que apetece a engaño
y trampa, como a los ratones que son golosos
por queso". En
cualquiera de los casos se observa la intención
de engañar a un incauto poniéndole
cualquier tipo de trampa o cebo para que
pique.
El filólogo Julio Casares, en su
libro 'Introducción a la lexicografía
moderna', expone el origen de la
expresión que nos ocupa de la siguiente manera:
"Antiguamente
se decía armarla con queso,
aludiendo a la ratonera o trampa en la que se ponía
este cebo, considerado como el más
apetitoso para la caza de ratones. El significado metafórico
del engaño ha sobrevivido sin la
menor deformación, a pesar de que
las palabras de la frase (dársela
a uno) ya no le sirven de sostén".
Como
curiosidad, según el escritor y traductor Mario
Verdaguer, en su libro 'Medio siglo
de vida íntima barcelonesa'
se hace referencia a los ingenios y astucias
de la guerra, y que en el siglo XVII,
estando sitiada por el enemigo la ciudad
de Utrecht, y lo que era peor, sin municiones con que defenderse,
ante la grave situación de un inminente
ataque final y derrota, el gobernador de dicha
localidad mandó
fabricar grandes y redondos quesos de bola,
a los que encargó pintar de negro
simulando balas de cañón.
Después de conseguir miles de estos
enormes y duros quesos, ordenó disparar a
discreción cañonazos
al enemigo utilizando tan improvisado armamento.
La victoria fue aplastante y el enemigo
sufrió cuantiosas bajas, de tal manera
que ante lo que se creyó un valladar
inexpugnable por lo fuertemente armado decidió levantar el asedio y
retirarse de un lugar que, alborozado, celebraba
tan gran victoria. Estaba claro que el gobernador
"se la había dado con queso
al enemigo".
Finalmente,
Néstor Luján en su 'Cuento
de cuentos' cita la obra de Francisco Márquez
Villanueva, 'Personajes y temas del Quijote',
en la que se asocia el queso a la locura
y al engaño. Además de que estar en la del queso
significaba estar sumamente distraído
o alelado.
Citar que
en otros idiomas existen también
en proverbios y
frases referencias a este
producto obtenido de la leche cuajada. Así, por
ejemplo, en francés se dice Jamais
homme sage, ne mangera fromage ("nunca un
hombre cuerdo comerá queso") o en
inglés Cheese is physic for gentlemen
and meat for clowns ("el queso es medicina
para caballeros y carne para payasos").
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