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La superioridad del estatus
-tanto intelectual como económico- también puede detectarse aunque el interesado
se proponga disimularla. Las primeras señales se perciben en frases como: "Dese
usted cuenta..." (usted es un inconsciente que no está atento); "¿No sabía usted
eso?" (usted parece un inculto que desconoce lo básico); "Le interesa
conocer..." (usted ha dado con un sabelotodo que le informa de lo que usted es
incapaz de descubrir por sí mismo). Por tanto, el significado oculto que revelan
frases de este estilo es: soy inteligente, soy culto, soy mejor. Los que las
usan parecen emular a Óscar Wilde cuando afirmaba: "No quiero saber todo lo que la
gente dice a mis espaldas. ¡Me convertiría en demasiado
vanidoso!".
Asimismo, la fórmula "Creo
que todos estaremos de acuerdo en que..." pronunciada ante un grupo de personas,
apela al consenso por intimidación. Este tipo de declaraciones puede expresar
desprecio por la opinión de los demás. Algo parecido ocurre cuando alguien,
después de haber explicado a su interlocutor un asunto, concluye diciendo:
"Permíteme que te lo deje perfectamente claro". Y le repite el mensaje que
anteriormente ya le había expuesto. La frase supone un desprecio a la
inteligencia del oyente, que no ha manifestado ninguna duda. Éste, como Lincoln,
podría replicar: "Temo las explicaciones explicativas de cosas
explicadas".
La falsa
humildad, por otra parte, no sólo está presente en descarados ejemplos de
políticos que afirman "En mi humilde opinión...", sino en la típica iniciación
"Como usted muy bien sabe...". La frase no parece, en este caso, tener intención
de atacar la inteligencia del receptor por repetirle algo que ya sabe, pero a
menudo es un intento de no ser contradicho ni replicado. La duda del hablante se
revela también en muchas frases que instan al oyente a aceptar, sin
cuestionarla, la veracidad de todo lo que aquél va a relatarle: "Créeme", "Te lo
digo de verdad" o "Yo nunca te mentiría", anuncian la alta probabilidad de que
todo lo que se cuente a continuación sea una mentira o una media verdad. Esta
clase de muletillas tiende a despertar, precisamente, las dudas del receptor.
Otros tratan de justificar ante sus interlocutores ideas preconcebidas o faltas
de ética mediante generalizaciones. Son los que emplean comentarios del tipo
"¿No lo hace todo el mundo?". O como el que hace el empresario cuando afirma
rotundo: "Los negocios son los negocios". Con este tópico está indicando que en
los negocios todo vale: la mentira, el engaño...
Algunos
incluso desmienten lo que defienden con insinuaciones al estilo de "No lo hago
por dinero, sino por principios" (lo que significa que lo hace por dinero). Y es
que el ser humano suele tener una perspectiva distinta según esté a un lado u
otro del problema, ¡lo llama recesión si su vecino está en el paro, pero si es
él mismo el que se encuentra cesante lo denomina depresión!
"No seas
ridículo" es una de tantas frases que empiezan con "no seas" (no seas aburrido,
no seas irracional, etc.). Las usan gente autoritaria y sentenciosa, incapaz de
ver otros colores al margen del blanco y el negro. Se puede entender "No seas
vago y levántate de la cama", pero "no seas ridículo" invita a replicar: "¿Qué
significa para ti ridículo?" y enzarzarse en una espiral de discusión que acabe
en improperios de significados nada ocultos. Y es que hablar es un proceso de
aprendizaje.
Desarrollando
y utilizando las múltiples facetas del lenguaje añadiremos una nueva dimensión a
nuestra vida, que nos permitirá conocer mejor a los demás y sus verdaderas
intenciones. Así, que ya sabemos, cuando alguien nos diga: "No te preocupes por
lo que voy a decirte...", lo que quiere es preocuparnos. Pero no nos
inquietemos: ¡no hay nada en este mundo que no se solucione con un güisqui doble
y un buen polvo! |