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LOS MENSAJES OCULTOS DEL LENGUAJE

(F. Gavilán)


¿Por qué tantas personas fracasan al comunicarse? ¿Por qué tantas veces dicen "no entendí que dijeras eso" si no están sordas ni tienen un bajo cociente de inteligencia? En las conversaciones cotidianas las personas que no están suficientemente atentas entienden las palabras reales, tal cual son pronunciadas. Pero, a menudo, las frases revelan mucho más de lo que en realidad se dice textualmente en ellas.

A veces manifiestan cosas, que no corresponden con lo que realmente se quiere decir. O expresan mucho más de lo que su interlocutor pretende. Son los significados ocultos que llevan implícitos muchas palabras, frases hechas y tópicos con que las gentes se expresan. En este sentido, existe un paradójico paralelismo con los conferenciantes: ¡éstos siempre hablan un 80% más de lo que sus oyentes escuchan!


No captar las claves subliminales que hay detrás de las palabras puede ser tan incapacitante como ir a Inglaterra y ser sólo capaz de decir y comprender el término 'yes'. La ventaja de ver los significados que están más allá del lenguaje es como conocer un idioma extra. Así, la envidia, por ejemplo, es una emoción que aparece con frecuencia en la cara oculta de las palabras. Frases como "Yo nunca haría eso" pueden significar, precisamente "Lo haría si tuviera ocasión". Dos mujeres de mediana edad observan en la playa el paso de una esbelta joven exhibiendo unos perfectos senos desnudos. Una de ellas comenta: "¿No es vergonzoso?". La otra se limita a sonreír. Ha captado el verdadero mensaje de su amiga, que es: "Yo también desearía hacerlo si tuviera lo que ella tiene". No es difícil detectar la envidia en otras cínicas frases que empiezan así: "Yo no quisiera estar en el pellejo de... (agréguese aquí el nombre de su multimillonario favorito)". El tono de voz con que se dice permite saber si la persona que la pronuncia envidia las posesiones materiales de los ricos o si éstas ocupan un segundo plano en su vida. ¡Resulta chocante que la gente que no envidia a los ricos es la misma que compra lotería!


Por otro lado, la duda sobre nuestra capacidad para realizar una tarea también genera significados ocultos. Un empleado cuyo jefe le ha pedido acometer una difícil misión, puede replicar: "Lo haré lo mejor que pueda" o "Lo intentaré". Su jefe debería interpretar tales manifestaciones como "No estoy seguro de poderlo hacer" o "No soy muy competente". Porque éstos son avisos racionalizadores que el subordinado transmite inconscientemente preparándose para un posible fracaso. No en balde puede tratarse de uno de esos tipos que en su casa tiran a la basura una tostadora que no se puede arreglar ¡pero se guardan los tornillos porque éstos no están estropeados! En este sentido, uno de los comentarios más irritantes que puede escuchar el que esgrime dudas sobre su propia capacidad para realizar el cometido que le han asignado es: "Cualquiera puede hacerlo". La frase implica que la tarea es tan simple que hasta un imbécil podría acometerla.


La superioridad del estatus -tanto intelectual como económico- también puede detectarse aunque el interesado se proponga disimularla. Las primeras señales se perciben en frases como: "Dese usted cuenta..." (usted es un inconsciente que no está atento); "¿No sabía usted eso?" (usted parece un inculto que desconoce lo básico); "Le interesa conocer..." (usted ha dado con un sabelotodo que le informa de lo que usted es incapaz de descubrir por sí mismo). Por tanto, el significado oculto que revelan frases de este estilo es: soy inteligente, soy culto, soy mejor. Los que las usan parecen emular a Óscar Wilde cuando afirmaba: "No quiero saber todo lo que la gente dice a mis espaldas. ¡Me convertiría en demasiado vanidoso!".


Asimismo, la fórmula "Creo que todos estaremos de acuerdo en que..." pronunciada ante un grupo de personas, apela al consenso por intimidación. Este tipo de declaraciones puede expresar desprecio por la opinión de los demás. Algo parecido ocurre cuando alguien, después de haber explicado a su interlocutor un asunto, concluye diciendo: "Permíteme que te lo deje perfectamente claro". Y le repite el mensaje que anteriormente ya le había expuesto. La frase supone un desprecio a la inteligencia del oyente, que no ha manifestado ninguna duda. Éste, como Lincoln, podría replicar: "Temo las explicaciones explicativas de cosas explicadas".


La falsa humildad, por otra parte, no sólo está presente en descarados ejemplos de políticos que afirman "En mi humilde opinión...", sino en la típica iniciación "Como usted muy bien sabe...". La frase no parece, en este caso, tener intención de atacar la inteligencia del receptor por repetirle algo que ya sabe, pero a menudo es un intento de no ser contradicho ni replicado. La duda del hablante se revela también en muchas frases que instan al oyente a aceptar, sin cuestionarla, la veracidad de todo lo que aquél va a relatarle: "Créeme", "Te lo digo de verdad" o "Yo nunca te mentiría", anuncian la alta probabilidad de que todo lo que se cuente a continuación sea una mentira o una media verdad. Esta clase de muletillas tiende a despertar, precisamente, las dudas del receptor. Otros tratan de justificar ante sus interlocutores ideas preconcebidas o faltas de ética mediante generalizaciones. Son los que emplean comentarios del tipo "¿No lo hace todo el mundo?". O como el que hace el empresario cuando afirma rotundo: "Los negocios son los negocios". Con este tópico está indicando que en los negocios todo vale: la mentira, el engaño,...


Algunos incluso desmienten lo que defienden con insinuaciones al estilo de "No lo hago por dinero, sino por principios" (lo que significa que lo hace por dinero). Y es que el ser humano suele tener una perspectiva distinta según esté a un lado u otro del problema, ¡lo llama recesión si su vecino está en el paro, pero si es él mismo el que se encuentra cesante lo denomina depresión!



"No seas ridículo" es una de tantas frases que empiezan con "no seas" (no seas aburrido, no seas irracional, etc.). Las usan gente autoritaria y sentenciosa, incapaz de ver otros colores al margen del blanco y el negro. Se puede entender "No seas vago y levántate de la cama", pero "no seas ridículo" invita a replicar: "¿Qué significa para ti ridículo?" y enzarzarse en una espiral de discusión que acabe en improperios de significados nada ocultos. Y es que hablar es un proceso de aprendizaje.




Desarrollando y utilizando las múltiples facetas del lenguaje añadiremos una nueva dimensión a nuestra vida, que nos permitirá conocer mejor a los demás y sus verdaderas intenciones. Así, que ya sabemos, cuando alguien nos diga: "No te preocupes por lo que voy a decirte...", lo que quiere es preocuparnos. Pero no nos inquietemos: ¡no hay nada en este mundo que no se solucione con un güisqui doble y un buen polvo!


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